Final Escape Book 3

El calor del coche la acoge de tal manera que por una milésima de segundo Janina está tentada de acurrucarse y dormir. Pero solo es eso, una milésima de segundo. Todavía no puede descansar. A lo mejor es que su vida es eso: no parar jamás.

 

Quizá debería darle las gracias a Candela; ha tenido tiempo para pensar durante este tiempo en la cárcel. No le gusta, pero lo cierto es que Candela adoraba al Jefe, y el Jefe respetaba profundamente, no solo a la periodista de raza, sino también a la persona. Quizá es ella la que siempre ve las cosas torcidas.

 

Candela saca del bolso una cartera y un sobre y se los da a Janina. La cartera contiene dinero, tarjetas de crédito y documentación. El sobre está sellado.

 

—Yo he cumplido contigo. Te he sacado, y no tienes ni idea del precio personal que he tenido que pagar. Pero eso no tiene ninguna importancia; a mí ya me queda poco y te lo debía. Ahora tú debes saldar tu cuenta con Juana la Loca. Te aseguro que esa mujer es la más cuerda de todas las que hay ahí dentro y no creo que sobreviva demasiado tiempo en Marianduve. Ludmila y Bea se la tienen jurada por cosas que sucedieron antes de que tú llegases.

 

Janina siente cómo un calor intenso le recorre el cuerpo. ¿Qué sabe Candela de Juana la Loca? ¿La conoce de antes? Lo ha vuelto a hacer, Candela ha vuelto a jugar con ella a su antojo.

 

Y como si Candela le leyese el pensamiento, la mira y sonríe.

 

—Sé lo que estás pensando, pero a veces las cosas son mucho más sencillas de lo que tú imaginas. Las casualidades también existen, querida mía.

 

—Déjame bajar, quiero bajar de aquí —dice Janina.

 

Unas horas más tarde, sola en la habitación de una pequeña pensión del extrarradio, Janina se sienta en la cama. Todavía tiene el pelo mojado del baño que acaba de tomar para relajarse. Abre el sobre y dentro encuentra una tarjeta con unas llaves dibujadas.

¿Quieres saber qué le está diciendo Candela a Janina? Antes deberás rellenar este formulario.